Ahora que ya se ha cerrado el libro de la feria, a mi me da por hacer un repaso a aquello que debería de quedar en la retina de todo aquel buen aficionado…
No solo me refiero a las orejas cortadas o a las puertas grandes, sino a esos pequeños grandes detalles, como puede ser un par de banderillas, o una sublime brega capaz de condicionar la embestida del toro en la muleta, o una estocada que puede llegar a ser decisiva para lograr un triunfo…
Imposible borrar esa forma de citar dando el pecho, jugando la cintura y torear en redondo de Leandro, acompañando con estética cada uno de los lances, dibujando un ramillete de pases que fueron auténticos carteles de toros a un bravo ejemplar de Adelaida Rodríguez que no se cansó de galopar ante la muleta del vallisoletano. Quien remató la faena con unas ajustadas manoletinas.
Bien lo bregó con anterioridad ante el desconcierto del tercio de banderillas Manuel Rodriguez “Mambrú”.
Esta no ha sido la temporada de Castella, y aunque abandonó la Glorieta en hombros yo me quedo con esa manera de jugar los brazos en el recibo capotero a la verónica del segundo de su lote.
Esa tarde destacaron con los rehiletes Juan José Trujillo de la cuadrilla de José María Manzanares y Pablo Delgado y Curro Molina quienes actuaban a las órdenes de Castella.
Domingo López Chaves resurgió en su tierra, en su plaza, de donde salio en volandas tras cortar 2 orejas. Despacio y al natural destacó ante su primero, al que liquidó en la boca de riego dejando una soberbia estocada recibiendo. Esa tarde el valor no solo lo puso el ledesmino, sino también el sevillano Antonio Barrera, quien se fue hasta la mismísima puerta de chiqueros para recibir a su segundo. La faena de muleta que le construyó a su primero la inició con dos pases por la espalda de los que hacen sobrecoger a toda la plaza.
Bien manejó la puya Puchano esa tarde recibiendo una fuerte ovación del respetable tras picar al toro que correspondió a Juan Bautista.
Al día siguiente, como no podía ser de otra manera llegó a Salamanca el ciclón Perera, al que no le gusta salir de ningún coso por su propio pie, y claro, la Glorieta, donde ya le vimos revindicarse la pasada temporada no iba a ser menos.
Nos estremeció con un impresionante quite por gaoneras ajustadísimo ante su primer toro. Animal al que dibujó una serie final con la derecha, de redondos interminables, partiéndose la cintura. Pero la cosa no quedó ahí, pues el arrimón que se pegó ante el sexto fue de órdago, casi perdiéndole el respeto al toro.
La tarde del 16 de septiembre era la más esperada de la feria, muchas fueron las horas de colas en las taquillas para lograr la tan ansiada entrada para esa tarde. Lástima que el toricantano Alberto Revesado no pudo acoplarse a las circunstancias. Por su parte El Fundi, termino su faena toreando a menos de medio metro, al pitón contrario, presentándole la muleta al de El Vellosino como si de un carretón se tratase.
Bien es cierto que no iba a entrar en triunfalismos ni en grandes faenas, pero qué decir de la actuación ante el quinto, del torero de Galapagar… esa manera de torear al natural, qué lentitud, que parsimonia, que temple, gusto… algo que no era fácil ante el bravo y encastado animal de El Pilar. Tres series de maravillosos naturales ante los que no nos queda más que quitarnos el sombrero. Chapó.
Fea, muy fea fue la voltereta que recibió Javier Valverde. Pero no es eso lo que hay que destacar, sino la hombría y la valentía con la que se sobrepone un torero, y se coloca de nuevo delante de la cara del toro para realizar una faena de zapatillas asentadas y muletazos lentos como la que dibujó el diestro.
Esa tarde los destellos llegaron cuando el torero de salteras, Manuel Jesús El Cid, meció su muleta con la mano derecha, y de que manera.
Justificada fue la repetición de Miguel Ángel Perera ante la ausencia de Cayetano en la última de feria, en la que sus compañeros de cartel respondieron ante tal oponente. Así, Perera de nuevo en su linea, naturales interminables de zapatillas asentadas, y redondos que casi eran espirales.
Juli, toreó relajado al natural al cuarto toro, otro buen ejemplar de la magnifica corrida embarcada por los Hermanos Garcia Jimenez.
Para Eduardo Gallo, ésta era la única oportunidad de demostrar a paisanos y aficionados que aún tiene mucho que decir, y supo sobreponerse a las circunstancias y a las dos figuras con las que compartía cartel. No se amedrantó el salmantino quien no dudó en recibir a su segundo de una larga de rodillas en el tercio. Ya con la muleta toreó con gusto y jugando la cintura.
Una vez más tuvo que desmonterarse tras clavar un buen par Domingo Siro.
Fiesta por bulerías para terminar la feria, los tres diestros y el mayoral abandonaron la plaza en hombros como colofón a la que ha sido una de las mejores desde hace un par de lustros.
No solo me refiero a las orejas cortadas o a las puertas grandes, sino a esos pequeños grandes detalles, como puede ser un par de banderillas, o una sublime brega capaz de condicionar la embestida del toro en la muleta, o una estocada que puede llegar a ser decisiva para lograr un triunfo…
Imposible borrar esa forma de citar dando el pecho, jugando la cintura y torear en redondo de Leandro, acompañando con estética cada uno de los lances, dibujando un ramillete de pases que fueron auténticos carteles de toros a un bravo ejemplar de Adelaida Rodríguez que no se cansó de galopar ante la muleta del vallisoletano. Quien remató la faena con unas ajustadas manoletinas.
Bien lo bregó con anterioridad ante el desconcierto del tercio de banderillas Manuel Rodriguez “Mambrú”.
Esta no ha sido la temporada de Castella, y aunque abandonó la Glorieta en hombros yo me quedo con esa manera de jugar los brazos en el recibo capotero a la verónica del segundo de su lote.
Esa tarde destacaron con los rehiletes Juan José Trujillo de la cuadrilla de José María Manzanares y Pablo Delgado y Curro Molina quienes actuaban a las órdenes de Castella.
Domingo López Chaves resurgió en su tierra, en su plaza, de donde salio en volandas tras cortar 2 orejas. Despacio y al natural destacó ante su primero, al que liquidó en la boca de riego dejando una soberbia estocada recibiendo. Esa tarde el valor no solo lo puso el ledesmino, sino también el sevillano Antonio Barrera, quien se fue hasta la mismísima puerta de chiqueros para recibir a su segundo. La faena de muleta que le construyó a su primero la inició con dos pases por la espalda de los que hacen sobrecoger a toda la plaza.
Bien manejó la puya Puchano esa tarde recibiendo una fuerte ovación del respetable tras picar al toro que correspondió a Juan Bautista.
Al día siguiente, como no podía ser de otra manera llegó a Salamanca el ciclón Perera, al que no le gusta salir de ningún coso por su propio pie, y claro, la Glorieta, donde ya le vimos revindicarse la pasada temporada no iba a ser menos.
Nos estremeció con un impresionante quite por gaoneras ajustadísimo ante su primer toro. Animal al que dibujó una serie final con la derecha, de redondos interminables, partiéndose la cintura. Pero la cosa no quedó ahí, pues el arrimón que se pegó ante el sexto fue de órdago, casi perdiéndole el respeto al toro.
La tarde del 16 de septiembre era la más esperada de la feria, muchas fueron las horas de colas en las taquillas para lograr la tan ansiada entrada para esa tarde. Lástima que el toricantano Alberto Revesado no pudo acoplarse a las circunstancias. Por su parte El Fundi, termino su faena toreando a menos de medio metro, al pitón contrario, presentándole la muleta al de El Vellosino como si de un carretón se tratase.
Bien es cierto que no iba a entrar en triunfalismos ni en grandes faenas, pero qué decir de la actuación ante el quinto, del torero de Galapagar… esa manera de torear al natural, qué lentitud, que parsimonia, que temple, gusto… algo que no era fácil ante el bravo y encastado animal de El Pilar. Tres series de maravillosos naturales ante los que no nos queda más que quitarnos el sombrero. Chapó.
Fea, muy fea fue la voltereta que recibió Javier Valverde. Pero no es eso lo que hay que destacar, sino la hombría y la valentía con la que se sobrepone un torero, y se coloca de nuevo delante de la cara del toro para realizar una faena de zapatillas asentadas y muletazos lentos como la que dibujó el diestro.
Esa tarde los destellos llegaron cuando el torero de salteras, Manuel Jesús El Cid, meció su muleta con la mano derecha, y de que manera.
Justificada fue la repetición de Miguel Ángel Perera ante la ausencia de Cayetano en la última de feria, en la que sus compañeros de cartel respondieron ante tal oponente. Así, Perera de nuevo en su linea, naturales interminables de zapatillas asentadas, y redondos que casi eran espirales.
Juli, toreó relajado al natural al cuarto toro, otro buen ejemplar de la magnifica corrida embarcada por los Hermanos Garcia Jimenez.
Para Eduardo Gallo, ésta era la única oportunidad de demostrar a paisanos y aficionados que aún tiene mucho que decir, y supo sobreponerse a las circunstancias y a las dos figuras con las que compartía cartel. No se amedrantó el salmantino quien no dudó en recibir a su segundo de una larga de rodillas en el tercio. Ya con la muleta toreó con gusto y jugando la cintura.
Una vez más tuvo que desmonterarse tras clavar un buen par Domingo Siro.
Fiesta por bulerías para terminar la feria, los tres diestros y el mayoral abandonaron la plaza en hombros como colofón a la que ha sido una de las mejores desde hace un par de lustros.