En tiempos de triunfos para José Tomás, El Juli, Miguel Ángel Perera, José María Manzanares, Sebastian Castella...., A mi me da por pensar en faenas de otros mucho. De esos que conocemos como toreros "tapados". A los que vemos sin mirar. A los que no prestamos atención. Esos que se juegan los muslos cada tarde para intentar firmar otro contrato más. Para que al finalizar el destejo el empresario le pague sus honorarios. Esos a los que el toro en el albero no sabe diferenciar del que va cobrando 35, o más, millones de las antiguas pesetas.
Son esos toreros, lo que salen con la verdad por delante. Los que cuando despliegan su capote dejan volar la imaginación y las ilusiones de los que nos encontramos sentados en un tendido. 
Me viene a la cabeza uno de esos diestros. Un gran torero. Es madrileño. Su nombre, David. De apellido, Mora.
Mece como pocos el capote y, maneja con gusto y empaque, con sabor añejo, la pañosa. Me atrevo a decir que David Mora es de esos privilegiados a los que un día Dios salpicó con unas gotitas de... ARTE.