
Un brindis, una despedida, un hasta luego, pero nunca un adiós... Victoriano García, El Legionario se destocaba del castoreño por última vez durante la pasada feria de Salamanca, en la cual decidía poner fin a una intachable trayectoria profesional.
Se despide de los ruedos Victoriano para comenzar una nueva etapa, más cerca de los suyos, lejos de patios de caballos, coches de cuadrillas, petos y puyas…
Ahora en su retiro, en Boadilla, reposa la mirada en las encinas que pueblan su pequeña finca, en la que mantiene vivía su afición por el toro. Una nueva ilusión con la que matar el gusanillo.
Caballero de los de antaño, siempre callado, correcto, de mirada perdida y gesto impasible que sólo se logra con el poso que dan los años… y que sólo se altera con el recuerdo de su entrañable amigo Julio Robles.
Un silencio de campo nos rodea, un silencio que sin duda hace más grande la figura de este humilde jinete de oro, a quien no le gusta hablar de premios ni reconocimientos, pero al que la afición aprecia y los profesionales quieren.
Se despide de los ruedos Victoriano para comenzar una nueva etapa, más cerca de los suyos, lejos de patios de caballos, coches de cuadrillas, petos y puyas…
Ahora en su retiro, en Boadilla, reposa la mirada en las encinas que pueblan su pequeña finca, en la que mantiene vivía su afición por el toro. Una nueva ilusión con la que matar el gusanillo.
Caballero de los de antaño, siempre callado, correcto, de mirada perdida y gesto impasible que sólo se logra con el poso que dan los años… y que sólo se altera con el recuerdo de su entrañable amigo Julio Robles.
Un silencio de campo nos rodea, un silencio que sin duda hace más grande la figura de este humilde jinete de oro, a quien no le gusta hablar de premios ni reconocimientos, pero al que la afición aprecia y los profesionales quieren.
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