A las 5 de la mañana suena el despertador. El despertador que no existe. Que no suena pero que, a la misma hora todas los días, sin descanso, sin fiestas, le avisa que es la hora de venirse arriba. De comenzar la jornada de trabajo. Se lava la cara sin darse cuenta. Se viste despacio. Haga frío o calor. Una rutina que ha hecho toda su vida. Una monotonía que, ni por asomo, le resulta aburrida.
En la cuadra, su caballo le espera. Y quien espera, no desespera. "Apolo", su fiel compañero, ese caballo de mirada truste y escurridiza, con el que comparte algo mas que horarios.
El bocao, la montura, el mosquero bien colocado, y ... al campo.
Un cercao, otro cercao. Una mirada, otra mirada. Un estar pendiente continuo. Un silbido, una voz. Parece que le esperan. Lo esperan, lo barruntan. Lo intuyen. Lo huelen... Otra vuelta. Un galope cortito. Otro cercao.
De nuevo en silencio. Miradas de complicidad, jamás de extrañeza. Es él. Y ellos lo saben, Son sabedores que se trata del hombre que mejor los conoce. Con el comparten el día a día. La mano que les da de comer. Esa mano que maneja las riendas del caballo, ese que juguetea con su rabo colino a espantar las moscas en verano.
Es el mayoral que los desahijó. Que los herró. Los miró y los continuará mirando hasta el día del adiós.
Mayoral: dícese del pastor principal entre los que cuidan de los rebaños, especialmente de reses bravas.
Eso dice la RAE, pero la RAE no sabe del trabajo, del sacrificio, de las horas... Del vivir por y para los animales como él lo hace. De llorar cuando un toro se destroza un pitón. De "cagarse" en todo lo que se menea cuando dos toros se pegan. De sufrir como si la vida le fuese en ello cuando un becerro no sobrevive. De agotar los últimos segundos de luz en buscar aquel que se ha perdido.
Llegó el día. Ahora es cuando aparecen los nervios. Cuando de nuevo a lomos de su caballo, galopan juntos por última vez. Los toros y el mayoral. El mayoral y los toros.
El camión espera. De uno en uno van embarcando. Parece que se despiden. Él, los despide en silencio.
El viaje. Ese camino que puede llevarle a la gloria. Mientras, el mayoral sigue en el campo. A lo suyo. Soñando con una hipotética salida a hombros. Con una vuelta al ruedo. Con una ovación...
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